Vivir con las emociones

Todos experimentamos las mismas emociones, pero todos las experimentamos de forma distinta, porque somos únicos y diferentes. La frecuencia con la que se suceden nuestros episodios emocionales es otro rasgo crucial para la comprensión del perfil emocional individual (Cf. Ekman, P. (2004). El rostro de las emociones. Barcelona: RBA Libros).

Un episodio emocional puede ser breve, a veces con una duración de escasos segundos, a veces mucho más largo. Cuando dura horas, hablamos de un estado de ánimo y no de una emoción. Si se hace consciente, estable y normalizado podríamos llegar a hablar de sentimientos.

La emoción tiene que ver con algo que le importa a la persona. La emoción, de entrada es incontrolable, surge, puede iniciarse de manera inconsciente. Está implicado el cerebro emocional (sistema límbico). El sentimiento lo podemos manejar y conducir: pasa al terreno de lo más consciente. Está más implicado el cerebro racional (córtex).

Experimentamos las emociones como algo que nos sucede, no algo que escogemos… No somos conscientes de nuestras valoraciones emocionales… Nos damos cuenta de que respondemos emocionalmente, cuando la emoción ya ha comenzado, cuando la valoración inicial se ha completado. Cuando nos damos cuenta de que estamos atrapados por la emoción, se puede reevaluar la situación. Pero ojo, ¡no es fácil el retorno! La emoción puede dominar y domina la razón.

Nos emocionamos con respecto a asuntos que fueron relevantes para nuestros antepasados y con respecto a otros que hemos visto que nos importan en nuestra propia vida. La persona, el hombre es un ser emocional desde su origen evolutivo.

El deseo de experimentar o no experimentar una determinada emoción (tristeza/angustia, asco/desprecio, placer/disfrute, alegría/contento, diversión, excitación, alivio, asombro, éxtasis/elevación, gratitud,  felicidad,  ira, miedo/sorpresa, disgusto/perplejidad/abatimiento, preocupación, desdén/desprecio…),  es la causa de gran parte de nuestro comportamiento: es el intento de feedback 360 grados (que incrementa los niveles de motivación, fructifica en personas con mayor madurez, permitiendo de manera eficaz su pleno desarrollo, el desempeño lo más adecuado posible, basado en sus competencias y posibilidades).

Una señal eficiente (clara, rápida y universal) informará a los demás de lo que la persona emocionada esté sintiendo. Pero hay que aprender a leer las emociones, no a proyectar las propias. Las cuasi-emociones que menos claras tienen las señales son la turbación, la culpa, la vergüenza y la envidia. Las otras emociones hablan por sí mismas.

Resulta imprescindible aprender a vivir con las emociones. La inteligencia emocional, la inteligencia espiritual, que todos tenemos en esencia, es clave para la empatía, la acogida, la hospitalidad. Nos ayuda al desarrollo de nuestra relación humanizada y digna.

Cualquiera puede enfadarse, eso es muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo (Aristóteles, Ética a Nicómaco).

Calixto Plumed O.H.