SERVICIO Y DEDICACIÓN

Cuando arrecia la tormenta, sacamos al exterior lo mejor y lo peor de nosotros mismos. En estas semanas vemos muchísimo de lo primero, en sanitarios, en transportistas, cuerpos de seguridad, ancianos, pacientes y mucha, mucha gente en casa, ocupando el día en mil tareas, manejando como mejor se pueda la angustia por tener que mantenerse lejos de los más queridos y la frustración por no estar en la primera línea: allí donde está la acción, la gloria y eventualmente el martirio.

Hay también algunas actitudes no tan edificantes. Quienes fuerzan las salidas rompiendo el confinamiento no solamente ceden, sin autocontrol, al impulso que a todos nos rebela contra el aislamiento impuesto, sino también muestran insolidaridad con los demás.

Algunas veces se disfraza esta salida con un presentismo a ultranza en el puesto de trabajo. Se justifica con un discurso de servicio necesario, que algunas veces no es tal, o quizá pueda prestarse desde un confinamiento. Frente a esto, mantenerse en casa, muchas veces en soledad, supone cierto grado de sacrificio y fortaleza mental y desde luego conlleva un mayor grado de seguridad, no solo personal sino, y más importante, grupal.

Obviamente en el ámbito sanitario y de dependencia y discapacidad, la interacción con el atendido ha de ser física en la inmensa mayoría de los casos, y ello conlleva riesgo, pero al tiempo entrega, caridad, dedicación, hospitalidad.

En las estructuras empresariales complejas en las que el devenir del tiempo ha transformado nuestros centros y programas, hay necesariamente un “back-office” sin el cual la tarea persona a persona que es consustancial a nuestro quehacer, no puede llevarse a cabo o no puede hacerse sostenidamente y con condiciones de solvencia y seguridad. Cumplir con esas funciones de coordinación es, también, compromiso, responsabilidad, calidad, respeto, espiritualidad y Hospitalidad.

En un complejo mecanismo coordinado y con responsabilidades compartidas, todos son necesarios y todos han de tener entrega y dedicación, en primera línea o desde la retaguardia. La implicación con la tarea es lo crítico, lo que marca la diferencia, lo que a mi juicio es realmente carismático. Hacer el bien bien hecho comporta, en estos convulsos momentos, compromiso con la tarea, pero también adaptabilidad a la normativa adecuada de distanciamiento.

También a mi entender, no es contribuir al bien, cultivar el comentario negativo. Es fácil errar sin tener toda la información, o bajo la visión de lo más inmediato y cercano sin alcanzar a analizar el todo. Cada uno de nosotros, pobres personas al fin y al cabo, tenemos la pulsión de medir y juzgar el entorno con nuestros apriorismos.

Tiempos difíciles exigen mentes amplias y justas. Reflexionemos, no destruyamos y arrimemos el hombro. Tenemos que lograr los mejores resultados en servicio y sostenibilidad. La visión parcial o la crítica malintencionada no contribuye a ese logro, claramente.

El servicio a los demás es disponibilidad y esfuerzo y tiene mil caras. La más visible y receptora de aplausos es la de los que interactúan en primera línea. Hay otras, más discretas y que no conllevan ni piden laureles, y a menudo son objeto de críticas, no siempre justas. Esas caras son las responsables del soporte, el análisis y la provisión para que el acto nuclear, la interacción persona a persona, pueda llevarse a cabo en las mejores condiciones de solvencia, seguridad y sostenibilidad.

Juan José Afonso

Photo by 🇨🇭 Claudio Schwarz | @purzlbaum on Unsplash