Pensando

Hoy, 26 de Marzo del 2020, a las cinco y media de una soleada tarde sevillana me siendo ante el ordenador con el que he estado manteniendo videoconferencias y escribiendo y leyendo correos todo el día en un intento de conseguir, comprar, solicitar, rogar me envíen, vendan, provean material sanitario de protección para los profesionales que cuidan a los enfermos, a los internos a los residentes de mi Institución, y luego intentando hacer una distribución lo más equitativa posible de lo poco conseguido.

¿Por qué nos pasa esto?.

Me siento ahora en un rato de “descanso” para poner por escrito algunas reflexiones que se aparecen en medio del pensamiento racional y ordenado del trabajo y que casi nunca tengo el tiempo, la oportunidad de analizar, ordenar, desarrollar, para darle forma definitiva o descartarlas definitivamente.

Tengo 60 años, bueno 61 desde hace unos días, pero los cumplí en confinamiento y por tanto aún no me hago a la idea, y como casi todos los de mi generación y algunas posteriores hemos vivido en un mundo en el cual la mejora constante de la riqueza social, la calidad de vida y la capacidad de consumo se daban por descontado, hasta el punto de tomar de “batallitas” los relatos de la postguerra y a descartar de facto todo aquello que no fuese mejoras constantes de lustro a lustro siguiente.

En ese contexto, teníamos casi todo en exceso, al menos una parte importante de la sociedad. Incluso los que partiendo de un ambiente rural y de economía precaria, pudimos ascender en el escalafón social gracias a la formación universitaria, el esfuerzo personal, claro, pero en un país que crecía y se desarrollaba por el empuje de las personas y las familias.

Ese exceso de bienes y la disponibilidad de acceso a la sociedad de ocio y el consumo, en si mismo positivo, conllevó algunos hechos negativos, de poca importancia individualmente pero dramáticamente graves todos juntos.

La diferencia en el poder adquisitivo de los diferentes estratos sociales no se ha igualado nunca, han seguido habiendo, en roman paladino, muy ricos, ricos, acomodados, pobres y muy pobres. Las clases dirigentes iban bien, hasta los que habían partido de muy abajo a título personal, con lo cual no se sentía en propia carne las necesidades y el cargo de conciencia se aliviaba con “beneficios sociales” que solventaban el día siguiente, pero como en el proverbio regalaban un pez, no enseñaban a pescar.

La alta disponibilidad y el buen acceso a bienes y servicios para una parte importante de la sociedad, especialmente la culta y creadora de opinión, nos encaminó a una espiral ascendente de más y más derechos, sin un contrapunto equilibrado de compromiso grupal con el país y los más desfavorecidos. Todos merecíamos más y no era aceptable nada que no supusiese avance en más tecnología, más y mejor nivel de vida, más servicios sanitarios, más viajes, más consumo, mas movilidad, …..
Hubo un amago, económico, la crisis del 2008, y nos revelamos, no hay derecho a recortes, no hay derecho a intervención de los estados, no hay derecho a bajadas de sueldo, no estábamos acostumbrados.
 

Ahora el golpe es mucho mayor, oímos como los muertos se acumulan día a día hasta el punto de no poder enterrarlos, estamos confinados en casa y no nos resignamos, y aún así nos cuesta ver que no estamos yendo por buen camino, o no estábamos.
Saldremos, malheridos, renqueantes como sociedad, pero saldremos. Espero, confío en que los líderes que vendrán sean personas que sepan de verdad considerar el bien común, sean de verdad servidores públicos, es decir servidores a la gente y no ególatras, magníficos oradores, de frases hechas y lugares comunes. Líderes que no adormezcan la sociedad con enunciados que se asumen como verdades incontrovertibles sin pararse a reflexionar que hay detrás de esos discursos huecos.
Líderes de opinión y políticos cabales, personas sensatas, con vocación de servicio y poco afán de protagonismo. Confío también en que como sociedad sepamos separar la paja del grano y al menos durante algunas generaciones se enderece el sendero por el que transcurrimos en este mundo que nos ha tocado habitar y compartir.

Juan José Afonso

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