Inmunidad de Rebaño

Hoy amanece en Sevilla nublado. Corre un vientecillo fresco que consuela cuando asomado a la ventana te da en la cara, como si ese aire trajera promesas de mejora y de futuras alegrías de las que andamos huérfanos desde hace mucho más tiempo del deseable e incluso soportable para algunos.

Ayer salieron los niños a la calle. Todos, creo sin excepción, nos alegramos por ello. Como grupo, llevamos grabado el instinto de protección de los más pequeños que son el futuro, la continuidad, la supervivencia. Como individuos, queremos a nuestros hijos por encima de cualquier otra cosa, incluyendo nuestra propia vida o seguridad.

Conforme avanzaba el día, iban llegando imágenes de avenidas, parques, plazas con vida, pelotas, bicis, en una ilusión de normalidad. Luego empezaron a llamar la atención determinados acúmulos de gentes y sonaron alarmas. Es cierto que posiblemente sean casos aislados, es cierto también que la perspectiva de las fotos no permite establecer con claridad si se mantiene o no la distancia personal de seguridad. En cualquier caso, las imágenes ampliamente distribuidas por medios de comunicación y redes sembraron preocupación, no por ellas mismas sino, ante todo, por lo que tienen de muestra del comportamiento grupal, de la reacción del rebaño.

En estos días oímos mucho esta expresión: rebaño, asociada a un deseable grado de inmunidad colectiva, que de alcanzarse, lograría que el temido y temible virus no encontrase terreno fértil en el que replicarse, y eventualmente se extinguiría.

Yo quiero llamar hoy la atención en otro enfoque de la palabra ‘rebaño’ como apelativo de grupo social con capacidad de decisión sobre el devenir del propio grupo.

En estas semanas, ya meses, de golpe brutal de realidad, hemos tenido tiempo para reflexionar acerca de la fortalezas y debilidades con las que hemos convivido y de las que todos, en tanto sujetos con capacidad de decisión, somos corresponsables.

¿Qué hemos priorizado como sociedad, como país? El mal llamado Estado del Bienestar ha sido bienestar para algunos y descuido para otros, los mayores por poner un ejemplo. Hemos priorizado cuestiones que nos han vendido como indispensables y desatendido el desarrollo sostenimiento y robustez de un tejido social, sanitario y de salud pública que se ha mostrado como endeble ante una tormenta fuerte e inesperada.

Es hora de repensar nuestra posición como individuos en un rebaño, hora de asumir compromiso, hora de decidir, críticamente, qué es fundamental en nuestro ordenamiento social y político y cuáles son los aspectos que, siendo deseables, han de postergarse en tanto no aseguremos lo esencial.

El rebaño ha de replantearse su estructura, qué camino tomar y qué cuestiones han de ir a la cabeza de la marcha.

Necesitamos transformarnos en un rebaño con conciencia propia, fruto de la suma y contraposición de las individuales, informadas y razonadas, no solamente un grupo de ganado lanar que sigue a los que se colocan en cabeza sin plantearnos a donde nos encaminamos.

Juan José Afonso

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