FORTALEZA Y CONFIANZA

¡Hola! Hace varios días, se me antojan semanas, que no he sentido el impulso de sentarme al teclado y hablar con la pantalla, en esta suerte de reflexión en voz alta que supone un intento de sanar el espíritu verbalizando los miedos y, sobre todo, la incertidumbre y la eterna duda.

A lo largo de estas semanas el ánimo general ha ido girando desde el golpe inicial duro, durísimo, a la progresiva comprensión de un cambio radical de nuestro modus vivendi, que las listas diarias de contagios y muertes nos ha conducido.

Estamos ahora en otra etapa: hay que seguir viviendo.

Seguir viviendo significa tener trabajo, capacidad económica, capacidad de interactuar con otros, vida relacional, comunidad, grupo, movimiento.

Ahora mismo parece imposible la resolución del rompecabezas entre la seguridad sanitaria y la necesidad, que empieza a ser imperiosa, de reactivación de la vida que llamamos “normal”.

En esta disyuntiva, todos volvemos la cabeza hacia nuestros dirigentes, que tendrían que ser nuestros líderes buscando asideros firmes para mantenernos a flote y otear el futuro.

Siempre, pero especialmente en los momentos de duda generalizada e incertidumbre, sin límites definidos, es cuando son más necesarios líderes que despejen incógnitas, que señalen el camino, que nos transmitan seguridad de grupo, empatía y humanidad.

Claro que los líderes no tienen, no pueden tener, son humanos como el resto, todas las respuestas. Tienen sin embargo la obligación de buscarlas constantemente y sin desfallecer. Quizá en la manada encuentren las claves que lleven a despejar el camino, tienen que escuchar, hablar, atender.

Dirigir es asumir responsabilidad por todo el grupo, sea empresa, institución o país. Dirigir significa también despejar incertidumbres, dar mensajes coherentes, previamente reflexionados, no vender humo. El grupo acepta antes un “aún no lo se, pero persisto en la búsqueda de respuesta” que indicaciones o parlamentos “fake” que no soportan un análisis medianamente formal, que se van cambiando al son de la evolución de los hechos.

Todos tenemos en mayor o menor medida la responsabilidad de ser líderes, desde el plano meramente familiar, pequeña escala pero gran repercusión, hasta puestos en la empresa o en el gobierno. Por ello, miremos hacia dentro de nosotros mismos, veamos como lo estamos haciendo y luego, y solo entonces, alcemos la voz para opinar, aconsejar o denunciar la actitud de otros.

Ser referente en estos tiempos tan duros, conlleva muy poco egocentrismo y soberbia y una gran dosis de serenidad, fortaleza y la capacidad de transmitir confianza.

Juan José Afonso

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